El feminismo es la política de la vida cotidiana
El auge de las derechas ultras y antifeministas amenaza con consolidar un modelo basado en desigualdad, odio y retroceso democrático.
En este país, en esta Andalucia venimos de un pasado sin derechos en términos absolutos, que no se recuperaron con el final de la dictadura, ya que franquismo político y sociológico había sido no sólo hilvanado, sino minuciosamente enhebrados con las viejas y macizas maquinas de coser Singer, con esos hilos invisibles pero irrompibles, tanto que deshacerlo está siendo altamente costoso.
Las derechas más y menos ultras aparentemente, no es que sean imbatibles, es que disponen de potentes ejércitos de asalariados de ese poder que crece a costa de agrandar las desigualdades, y no es que hayan resurgido como el Ave Fénix, es que no habían sido derrotadas.
Su plantilla está compuesta por opinadores, asesores, acosadores, tenedores de lo divino y humano, adueñadores de grandes parcelas de lo público y lo privado, maquinas de privatización de las necesidades básicas de la ciudadanía, y muy especialmente de las mujeres.
Púlpitos institucionales utilizados como altavoces de las culturas “anti”, micrófonos con los decibelios adaptados a la difamacion, tarimas en aulas para adulterar la educación y la formación, coleccionistas de fortunas sin gravámenes.
Colonizadores de redes como fábricas de aguerridos ultras, demasiados personajes instalados en las más altas instancias del Estado, y en las más bajas pasiones de las emociones, esas que gestionan las entrañas, gurús del odio, del racismo, la xenofobia y el machismo.
Ellos, no están por venir, siguen estando como siempre más o menos agazapados, y ahora saliendo de las madrigueras, como respuesta al auge del feminismo, del ecologismo, del multiculturalismo, de legislaciones avanzadas en derechos de las minorías, de hegemonía sindical en los tajos, y en los ámbitos de participación de quienes están haciendo posible salir de situaciones semiesclavistas en el mundo laboral, amén de ese largo etcétera que aparece en “el haber” de este país.
Y ahora ya en la antesala de este diecisiete de mayo, estamos ante el inminente peligro de la consolidación de esas corrientes trumpistas, más o menos blanqueadas, y con la consiguiente cronificacion de avalarse con un respaldo electoral significativo ¿y después qué…? ¿ y nosotras las mujeres “prioridad” y diana del obsceno fanatismo machista, ¿qué?
En este marco andaluz es “una emergencia electoral” situar las políticas de igualdad, versus el feminismo como esqueleto y armazón de las políticas de la vida cotidiana.
Y repasar cuanto de decisivo ha sido el voto de las mujeres en este país, y en esta Andalucia en las últimas décadas, dejando de ser simplemente un derecho conquistado, para convertirse en un motor fundamental que define los resultados electorales y, por ende, el rumbo de esta tierra nuestra; este fenómeno no solo manifiesta un cambio social, sino que representa la evolución democrática y política del mismo.
Me atrevo a anticiparme en la consideración, que estamos ante la consolidación del voto de las mujeres, como el gran vector de las fuerzas políticas, que representan la suficiente influencia y capacidad para determinar la balanza electoral, lo que debería ser motivo de una exhaustiva reflexión, sobre la necesidad de incorporar las políticas de igualdad, a las mujeres, y el feminismo sin recortes como eje central ,y transversal de los programas.
La democracia se fortalece cuando cada voz encuentra su espacio. El voto de las mujeres no solo decide mayorías, sino que también construye un país más justo, equitativo, y solidario; comprender y valorar este poder es el primer paso para una política andaluza mas representativa y guiada por los valores de la igualdad. El voto de las mujeres, ya no es solo una variable en la ecuación política, es una constante transformadora, reconocerlo y actuar en consecuencia permite avanzar hacia un mañana donde la política refleje la diversidad de la sociedad andaluza, ampliamente secuestrada, silenciada o deteriorada a día de hoy.
Permitidme deciros, que detecto, intuyo, observo y no dejo de estudiar, y trastear en el conocimiento, como el poder del voto de las mujeres, podría estar abriendo una nueva era en la política española, y andaluza. Por eso ante la tozuda realidad de los datos, que matan el relato del guión que vivimos estos días, apuntan que como consecuencia de una posible abstención de parte de un amplio sector de mujeres desencantadas, por suavizar la polifonia del feminismo, este viraje podía no ser anecdotico, demostrando además que las mujeres empiezan a no constituir un bloque ideológico homogéneo, sino un electorado autónomo y determinante en la formación de mayorías y gobiernos.
Las mujeres andaluzas han pasado de ser consideradas un voto cautivo a convertirse en el voto bisagra que decide las mayorías, por lo que ninguna fuerza política debería subalternizar las políticas de igualdad a corto y medio plazo, al menos aquellas que aspiran a la construcción de una Andalucia sin discriminaciones por razones de sexo, clase, etnia, o cualquier otro rasgo diferencial.
Las mujeres lo saben, las intenciones y las promesas no producen nada.
Por eso sin vértigos, pero sin negligencias, tatuense que “ignorar a las mujeres en política, es perder las elecciones antes de empezarlas”