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Excelencia, lea más y calle mucho más

La jerarquía eclesiástica carece de autoridad moral para sermonear sobre sexualidad mientras arrastra siglos de silencios y escándalos ocultados.

Perplejo oigo y veo al prelado católico que preside la conferencia de obispos de España sermonear con toda contundencia a las jóvenes mujeres españolas sobre sus costumbres sexuales y reproductivas. Castidad se le supone, célibe de obligación, ejemplo tiene en Jesús de Nazaret que solo pintó en el suelo signos que no se conocen, hablo en sediento brocal de pozo con mujer de largos lances con varoniles amantes, escuchando antes de hacerlo. De apagar la sed por siempre y de vivir, que es lo cierto, que el judío peregrino le ofreció como tesoro para ella, y a su amante y a los vecinos a cientos.

Opino que la lectura que ofrezco de de este arcaico romance de Gerineldo, que puede encontrar a modo en “Flor de romances viejos”, de don Ramón Menéndez Pídal, ha de servirle al prelado para comprender determinadas conductas que con de asaz natural y que nada dicen sobre el bien y la bondad, moral. Dice pues el romanícillo:

“Gerineldo, Gerineldo,paje del rey más querido,quién te tuviera esta noche en mi jardín florecido. Válgame Dios, Gerineldo,cuerpo que tienes tan lindo,—Como soy vuestro criado,señora, burláis conmigo.—No me burlo. Gerineldo,que de veras te lo digo.—¿Y cuándo, señora mía,cumpliréis lo prometido?—Entre las doce y la una,que el rey estará dormido.

    Media noche ya es pasada.Gerineldo no ha venido.«¡Oh, malhaya, Gerineldo,quien amor puso contigo!».—Abráisme, la mi señora,abráisme, cuerpo garrido.—¿Quién a mi estancia se atreve,quién llama así a mi postigo?—No os turbéis, señora mía,que soy vuestro dulce amigo.Tomáralo por la manoy en el lecho lo ha metido;entre juegos y deleites la noche se les ha ido, y allá hacia el amanecerlos los dos se duermen vencidos.”

Amén conviene añadir que con la que está cayendo a los prelados y su clero al mostrarse paladinamente, sí, que durante siglos han ocultado las conductas criminales que parte de ellos mismos y sus huestes han vendo manteniendo, harían bien en callar otros siglos por demás. Ya Jesús el Galileo puso en aviso a oyentes y convencidos de que miren donde pisan, no sea que bajo sus pies hayan sepulcros podridos.