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Carta igienica umidificata

Cambian los gobiernos, no las estructuras: desde Fernando VII hasta Felipe VI, la misma España sin que nadie lo diga.

Adorno, de la Escuela de Frankfurt, al enterarse de la muerte de Walter Benjamín, escribió que “se había perdido la mirada que veía el mundo desde la perspectiva de los muertos”. Oyendo ayer las intervenciones del presidente del gobierno, del presunto líder de la oposición, del supuesto líder de la extrema derecha y de los diversos portavoces de los grupos parlamentarios, no pude por menos de recordar la percepción de Adorno, pues todas los parlamentos de los representantes no tenían perspectiva alguna desde los muertos de la tierra de las Españas y parecían anunciar un nuevo Imperio de los mozos de Goya sujetas sus piernas por la arena y dándose palos desde tal imposible posición. Las terribles palabras del siniestro expresidente Aznar anunciando que si de las elecciones próximas salía una situación similar, ardería Troya, resonaban cual los cañones  de Espronceda, tocando a muerto con campana y con cañón.

Políticamente ayer vimos un resumen sustanciado de los años de regimen democrático con una conclusión personal de quien escribe  – después de oír a los intervinientes – a resistir las formas de dominación que se presentaron engañosamente como logros del bien colectivo, pues ninguno analizó la realidad social de las diferencias de ingresos de la población española, de las consecuencias de las liquidaciones del capital publico llevadas a cabo por Felipe Gonzalez y por Jose María Aznar, et aliqua, de la pobreza anclada en las entrañas de la España normal que se ve en los  barrios y en los márgenes poblacionales. Porque sin ese análisis en el hemiciclo del legislativo no es posible proponer, ni aceptar políticas alternativas con sus votos que no llegan a poder censurar a nadie, la continuidad de las estructuras sociales que se trasmutan silenciosamente desde Fernando VII, el deseado, hasta los oscuros días, permítaseme la cita, de Felipe VI. Y que, por cierto, se han mantenido durante los gobiernos socialdemócratas de Gonzalez, Rodriguez Zapatero y Sanchez. Tempus edax, homo edacior. El tiempo devora, el hombre todavía más. Ovidio  en Las Pònticas. 

 

Porque esa estructura inamovible que soportan las Españas con las sonrisas cómplices de prensa en sus manos, televisiones en sus manos, diputados en sus manos y partidos en sus manos, es la que teatralmente sostenida por tres poderes sinuosamente independientes y calzados por horma estándar que garantiza el tallaje adecuado a cada precisa ocasión que se tercie. En esas estamos. Esa es la razón de la aparente sinrazón que enfrente a unas y otras bancadas. 

Lo que esta haciendo el tercer poder es TRIMAR. En mis tiempos de vicecomodoro del cuerpo de tropas de socorro de la CRE, militarizada por don Francisco, se ordenaba la maniobra de trimar la embarcación, fuera a motor o a vela. Se pretende con ella ajustar, regular o equilibrar los elementos de propulsión de la misma para lograr el máximo rendimiento. Ocurre que el tercer poder no debería verse en el trance de tener que trimar, operación que compete al ejecutivo bajo la supervisión del legislativo. Es evidente que la jarcia firme, o muerta, de estribor  – esto es cables y obenques fijos encargados de sostener y dar estabilidad al mástil desde ese lado, prácticamente no se mueve durante la navegación, Si se mueve, !y cómo estas ultimas semanas!, la jarcia de labor de estribor (llamada también corriente) compuesta de cabos, drizas y cuadras móviles que se utiliza para izar, arriar, aprestar o trimar desde ese costado de la embarcación debe adujarse. El problema es quien y desde donde se ordena la maniobra y quien o quienes adujan. Cantemos pues la Salve marinera.