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Corrientes ideológicas en la Administración Trump (II): Curtis Yarvin

De Trump al “hard party”, el ideólogo de la Ilustración Oscura defiende poder absoluto, partido único digital y destrucción total del régimen democrático.

Curtís Yarvin, 52 años, nacido en Salt Lake City que estudió en la Universidad de Brown, pertenece a los miembros de la “Ilustración oscura” , es un bloguero muy conocido, de la extrema derecha norteamericana.

Hay que acabar con la democracia para sustituirla por una tecno monarquía y , para llevar a cabo el cambio de régimen, es necesario un golpe de Estado. La estrategia de «conmoción y pavor» es como una droga: toda droga crea adicción. Una revolución sólo triunfa si, ante cada nuevo umbral de adicción, sabe aumentar la dosis sin perder su efecto sorpresa, hasta que queda claro que no puede quedar rastro alguno, no solo del antiguo régimen, sino incluso de la antigua forma de vida. Pido atención sobre la dependencia intelectual de Yarvin respecto a Carl Schmitt del que se interesa sobre todo por su teoría de la soberanía y su crítica de la democracia parlamentaria.

2/La clase  de victoria que necesitamos es una victoria concreta, material, física. A decir verdad, si tuviera que elegir entre una victoria física y una victoria moral, elegiría la primera. Pero la alianza entre ambas es irresistible e irreversible, y no creo que tengamos que decidirnos por una u otra.Sin embargo, lamentablemente, no contamos con esa alianza. Podríamos ganar. Pero no estamos ganando.

 

3/ Comento: Yarvin concibe la nueva administración como un paso necesario para acabar con la democracia, pero Trump también supone para él un gran peligro: el de reforzar a la oposición. “Lo que la mayoría de los miembros del equipo de Trump no tienen realmente claro es que, en la próxima administración demócrata, todos los que han trabajado para su administración serán blanco de ataques».

 

4/ En ciencia política, producir poder significa lo siguiente: haber logrado algo que facilite ciertas acciones futuras. En la trayectoria real hacia el poder, los verdaderos problemas son aquellos cuya resolución facilita la resolución de todos los demás. En el marco de una estrategia política a corto plazo, solo cuentan las variaciones de poder a corto plazo.

 

5/ Colectivamente, la administración no ha comprendido que a) el entusiasmo suscitado por la perspectiva de un verdadero cambio era la fuente de toda su energía política, y que b) esa energía se extinguiría en el momento en que la ofensiva dejara de avanzar. En otras palabras: si hay que preguntarse si el cambio es real, es que no lo es. Un ejemplo tomado de un país extraño puede ayudarnos a entenderlo. El Reino Unido se encuentra hoy en una configuración política sin precedentes en su historia. En 2029, según las últimas encuestas, el Partido Laborista habrá desaparecido por completo y Nigel Farage dispondrá de una mayoría absoluta que le dará el control total del Parlamento, es decir, en esencia, poderes de tipo mussoliniano.

 

6/. Advierto debe que Yarvin concibe el Estado como una empresa y por ende el cambio de régimen lo resume en un a reestructuración económica. Yarvin presenta el golpe de Estado como una forma de liquidación del Estado democrático. La más sombría y trágica de las realidades es que hemos vislumbrado ese futuro. Durante el invierno y principios de la primavera de 2025, vimos, como destellos de energía, el potencial de un cambio verdadero y total. Era emocionante, y ese impulso, mucho más que cualquier resultado tangible (incluso el cierre de la frontera), constituía el verdadero éxito. El ciclo funcionaba: la energía producía poder, el poder producía daños y esos daños regeneraban energía. Por desgracia, no parece quedar mucho de esa fuerza de choque y, mientras existió, solo logró el 0,001 % de un cambio de régimen.

 

7/ Desde el punto de vista constitucional, el presidente tiene poder de mando unilateral sobre todo el poder ejecutivo. Podría, por ejemplo, basarse en este poder para financiar directamente al Estado desde la Reserva Federal, en particular acuñando la famosa «moneda de un billón de dólares». La idea de que el Congreso pueda crear o administrar agencias ejecutivas es una aberración. Las «leyes» que invaden la discrecionalidad ejecutiva normal del presidente no son leyes. Esto habría permitido abandonar de un plumazo el proyecto gordiano de «reforma» de las agencias para adoptar el método más sencillo: crear otras nuevas. Eso es, en esencia, lo que hizo Roosevelt.

 

8/ El trágico defecto de Trump es de una pureza shakesperiana Es exactamente lo contrario de las críticas que se le lanzan constantemente. Trump no desea realmente el poder total: le da miedo. Y no es solo él: los que lo rodean le tienen mucho más miedo que él. Hay que temer al poder como se teme a andar en moto, sobre todo si nunca se ha conducido una ni se ha leído nada al respecto. Trump, por su parte, está realmente sobre la moto y conduce a velocidades increíbles.

Dedica su energía a evitar caerse, no a lamentarse por no tener más potencia bajo el puño.

 

9/ La verdadera victoria exige mucho más poder del que jamás ha movilizado la segunda administración de Trump, incluso en sus inicios: ¿cuánto poder necesitamos realmente?. Si necesitamos un ejemplo extraído de la experiencia de quienes aún viven, he aquí uno que, en mi opinión, fue demasiado lejos, pero que todo el mundo considera perfectamente legítimo: el gobierno militar aliado en Alemania en 1945. Estados Unidos necesita un nuevo tipo de partido político, que en realidad es un tipo de partido muy antiguo: un hard party. Un hard party es un partido diseñado para tomar el control incondicional y total del EstadUn hard party es un partido en el que todos los miembros delegan el 100 % de su energía política en el mando del partido. Afiliarse a un hard party es contraer un matrimonio político, no una aventura de una noche —una noche electoral— con cualquier candidato cuyo nombre le haya llamado la atención en un cartel colocado en un jardín. Un hard party es una organización privada legal cuyo objetivo es convertirse en el partido gobernante del próximo gobierno, a imagen y semejanza del Partido Comunista Chino. ¿Un Estado de partido único? Sí.

 

10/ Un hard party en el siglo XXI no puede ser la milicia paramilitar callejera de los años treinta. Uno de principios del siglo XXI solo puede coordinarse a través de píxeles en una pantalla. Un partido, una aplicación. Todos los partidos y todas las máquinas políticas son dispositivos destinados a producir votos y a realizar otros actos democráticos. Votar es divertido, emocionante. La guerra también lo es.

El voto es una guerra simbólica. Hay otras cosas que también son divertidas y emocionantes: atacar a una tribu enemiga, sorprenderla mientras duerme, masacrar a sus combatientes, y luego llevar a sus mujeres e hijos atados hacia su nueva vida de esclavos, llevando los restos de sus maridos y padres, ya cortados en filetes para la fiesta. Dado que así es como ha vivido el homo sapiens durante millones de años, debe ser posible activar los resortes motivacionales de este comportamiento, aunque solo sea en su iPhone.

 

11/ La experiencia fundamental del usuario de un partido duro es la siguiente: ser miembro no da la impresión de ser un líder, sino la de ser un soldado. Un ejército es, hombre por hombre, mucho más poderoso que una multitud.. Ser un miembro subordinado de un hard party es sentirse como un simple soldado en un ejército, lo cual también es divertido, sobre todo cuando nadie te dispara, pero de otra manera. Y, de paso, proporciona una metáfora eficaz para sus insignias de aplicación. Este nuevo Estado de partido único será un gobierno diferente.

Su primer paso consistirá en borrar el antiguo régimen de forma pacífica pero irreversible, hasta que la pintura haya desaparecido y el metal brille.

No debe quedar ninguna institución existente que mantenga el más mínimo interés en seguir resistiendo al nuevo régimen. Incluso los edificios del antiguo gobierno deberían ser desmantelados, a menos que tengan un valor histórico o arquitectónico real. Como bien entendieron los Aliados en 1945, la destrucción simbólica es tan importante como la destrucción estructural. Un hard party no tiene ni programa ni plataforma de reformas graduales. Solo piensa en dos cosas: a) cómo hacerse con los plenos poderes; b) qué hacer con ellos una vez conseguidos. El poder absoluto es la capacidad sin restricciones de tomar decisiones arbitrarias.

 

12/ En un hard party, cada persona —miembro, directivo o donante— delega todo su poder político al partido. Cuando votas o actúas políticamente de cualquier manera, sigues las directrices del partido. El resultado es que realizas muchas menos tareas políticas tediosas de las que se esperarían de ti como «ciudadano informado», al tiempo que ejerces un impacto político mucho mayor. Solo tienes que instalar la aplicación, concederle los permisos de notificación y, cuando se celebren elecciones, simplemente hacer lo que te indique. El juego electoral se convierte en una herramienta militar, con papeletas en lugar de balas.

 

13/ Por último, un verdadero partido político habla con voz propia y piensa por sí mismo. Si eres consumidor de información, recibes las noticias del partido. Si lees libros, el partido los escribe. Si utilizas la IA, el partido ha entrenado su propia IA. Si consultas una enciclopedia en línea, el partido tiene su propia versión de Wikipedia. Si te gusta reflexionar sobre la historia, tu partido te indica qué libros de historia leer. Si te gusta el cine, todos los mejores guionistas y directores están en el partido, por buenas razones, ya que este puede financiar muy bien sus producciones. Si tienes hijos y puedes encargarte de su educación, el partido tiene un programa para ello, varios incluso, según la religión.

 

14/ En caso de recibir información desde fuera del partido: ¿Qué harías con esa información? ¿Comprobar una vez más si Trump ha tomado la decisión correcta?

Tu compromiso con Su Trumpitud es permanente.