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Abengoa llega a la política

Con horas de retraso pero finalmente los líderes políticos andaluces han empezado a mostrar su inquietud por lo que suceda con un gigante de pies  de barro (financieros) llamado Abengoa.

De pronto los grupos políticos no han podido evitar oír el murmullo de la calle, generado por miles de trabajadores y sus familias por toda Andalucía, pertenecientes todos a la empresa multinacional que pasa por dificultades financieras.

Mientras se buscan soluciones orientales, casas reales de por medio, el implacable mundo del juego bursátil ha seguido dictaminando ayer jueves la caída en picado de Abengoa. Las luces de alarma se han encendido y no es descartable que este se convierta en uno de los asuntos estrella de la campaña, al menos en Andalucía. Abengoa ha sido posiblemente la primera empresa en recibir adjudicaciones públicas por parte de la Junta de Andalucía desde que se creó en 1982. Quizás por ello se ha visto envuelta en numerosos escándalos judiciales como la Operación Poniente o más recientemente el Caso Marismas. 

Con Abengoa camino del juzgado para que empiecen a contar los cuatro meses establecidos para cerrar acuerdos con los acreedores, los políticos se han visto obligados a salir a los medios y opinar.

Era tan personalista, tan autodidacta la forma de gestionar la empresa por parte de Felipe Benjumea, que mientras se colapsaban las decisiones en su mesa junto al control económico diario del grupo, en los bajos fondos de la compañía, ejecutivos medios y altos, amasaban inmensas fortunas a costa del dinero publico y de la empresa que les pagaba su nómina.

Con Abengoa camino del juzgado para que empiecen a contar los cuatro meses establecidos para cerrar acuerdos con los acreedores, los políticos se han visto obligados a salir a los medios y opinar. Un  resumen de lo escuchado podría empezar por Susana Díaz quien ha pedido “responsabilidad social” a la banca y que eche un cable a Abengoa. El ministro Soria anuncia que el gobierno “no se está planteando una participación pública”, mientras que la Junta sostiene que una empresa como Abengoa “no puede recibir ayuda publica”. El PSOE se ha mostrado partidario de que no se airee mucho este conflicto, proclamando que “debe resolverse en las esfera de lo privado”. El PP de Bonilla ha pedido que Susana les reúna a todos, no se sabe muy bien para qué. Podemos, que para eso tiene un diputado abogado que ha trabajado en Abengoa, han sido los únicos en poner el dedo en la llaga que nadie quiere tocar y que se llama Felipe Benjumea: “ha estado más en repartir sueldazos”, aseguran. Y finalmente los de Cs han pedido la “máxima voluntad política” para evitar el cierre de Abengoa, como si el problema de la multinacional andaluza fuese político en vez de económico. La ministra rociera, Fátima Bañez, es la que sin embargo ha ido más allá: hay que “dialogar hasta la extenuación”.

En todo caso sea bienvenida esta primera ensalada de opiniones que denotan cercanía de la política a los problemas reales que interesan a la gente. No obstante, la Sra Presidenta de la Junta, no debiera olvidar que un asunto con el calado que presenta Abengoa, es casi de obligado cumplimiento llevarlo al Parlamento y dar cuenta de las gestiones, contactos etc, que a nivel institucional está realizando desde la presidencia de la Junta. Quien crea que la actuación política en este asunto se puede hacer sin luz y sin taquígrafos se equivoca.