Paisaje después de la batalla
Tras las elecciones en Castilla y León todos celebran, pero los datos muestran un tablero fragmentado, victorias ajustadas y una política convertida en trinchera permanente.
Y no me refiero a la recordada película de 1970 que dirigió el polaco Andrzej Wajda. No. Me refiero a hoy, después de la batalla electoral de ayer en Castilla y León.
Y le llamo batalla, que no contienda, porque así pareciera que se debe definir ahora la relación entre unos y otros cuando son llamados a las urnas, y sin ellas, también. Ésta, la electoral, no es sino la cuota parte de lo que es hoy la vida política a diario en España: “… y tú más”. Muro y trinchera. No hay adversarios con los que contender o confrontar, sino enemigos con los que batallar. Y agradecidos estamos en que es sólo “de verbis”, más allá de algún que otro incidente que en demasía empiezan a aparecer en forma de ataques a sedes de partidos. Esperemos no ir a más.
Pues después de la batalla de ayer, como no puede ser de otra manera, todos hemos ganado. Como diría Pío Cabanillas padre, ¿quiénes hemos ganado? Pues todos.
Pero vayamos por partes.
Esta mañana, mi conmilitón y candidato socialista a ocupar la sede del Colegio de la Asunción en Valladolid, en su frustrado intento de ocupar la presidencia de los castellanos y leoneses, hacía un análisis serio, alejado de la grandilocuencia de Ferraz (¡ojito!) y, no obstante, caía en el error, ése sí también de la sede federal del PSOE, que es reconocer, tristemente, que el PSOE se contenta con la medalla de plata de esta contienda. No. No puede ser así. El PSOE no puede salir resignado a no gobernar. Y así ha sido en Castilla y León, en Aragón y en Extremadura.
Así, y sólo así se puede entender la alegría, dicen que, contenida, de los resultados de segundones de ayer. Y es que, subió la candidatura socialista en dos escaños, dos, subiendo casi un 0.8% y 14.000 votos, habiendo subido la participación total en algo más del 7% y los votos emitidos en casi 39.000. ¡Toma ya subidón!
Pero es que, además, hay que considerar que se gana uno de esos escaños en la soriana provincia del candidato, donde los de Soria Ya pierden dos, y el otro lo gana VOX en esa provincia. Se gana otro en Segovia, que incrementaba, por población, un escaño en estas elecciones; se gana otro en Valladolid, acaso retales de los dos que pierden Ciudadanos y Podemos, pero pierden los socialistas un escaño en Burgos, que lo recoge el Partido Popular.
En fin, que mucha, mucha celebración, pues a mí no me sale. Claro que visto lo ocurrido en Aragón con la candidata de vuelta desde Madrid y el extremeño con su carga procesal a cuestas, lo de Castilla y León es una alegría para quienes dirigen ésa mi casa.
Pero lo cierto y verdad es que la oficialidad no entrará a considerar dos elementos: éste, el soriano, era un candidato que sí sabe de gestión y gestión próxima durante años, en suma, un candidato de a pie de obra; y que no era fruto de la extracción de las élites monclovitas y transplantado a la aragonesa tierra un rato antes de enfrentarse a las urnas.
Y eso me trae a la cabeza la situación de la candidata andaluza de mi Partido, el de Pablo Iglesias (el bueno, el auténtico). Su llegada a Andalucía, ya sin tarjeta con membrete oficial del Gobierno de España, se hace de rogar. Y cuando llegue, no sabemos cómo vendrá la maleta después de que algo más le dejemos a Illa y demás asociados para que sobreviva un año más con o sin presupuestos y a ver cómo se cuenta aquí; también vendrá en la maleta, lo que se anuncia de nuevo sistema de financiación de las comunidades autónomas. Ello sin olvidar otras adherencias y daños colaterales que traerá de los años de Vicepresidencia con los conocidos socios “de progreso”. ¿Tendremos que recordar los números de Susana o incluso los de Espadas?. Ahí lo dejo.
Por este mismo lado de las izquierdas, esa parte que está en la llamada izquierda a la izquierda del PSOE, es para no olvidar. O mejor, sí. Cero patatero. Quienes denostaban a la “casta”, a los hacedores de la malhadada transición; quienes venían a redimir al mundo e iban a asaltar los cielos, parece que se quejan de que ha sido un voto útil al PSOE lo que los ha llevado a su inanidad. ¡Qué listo es el electorado! No es sólo utilidad del voto, sino vacuidad de propuestas y quimeras fuera de tiempo y lugar, en forma de oferta electoral. Y mientras, Yolanda en Los Ángeles oscarizándose.
Pero, no hay problema. Ayer, cuando ya se veía venir el fiasco, atento para hacer el quite (aunque no sea lo taurino lo que anda en boga desde la oficialidad de la Cultura de Sumar), Gabriel Rufián vuelve a ofrecerse desde su nacionalismo excluyente a salvar los muebles y el empleo. A salvar “su España” (Perdón, ellos le llaman estado español). A lo mejor ahora reivindica más su procedencia jiennense y granadina para reivindicarse ante los de Algeciras como él mismo dijo. Salvados estamos.
Y ganó el Partido de Feijóo. ¿O era el de Mañueco? Y ganó también, de manera magistral, según las crónicas de la casa de la Calle Génova. También, dos escaños, dos. El de Burgos que le cedió el PSOE y el de Valladolid de los retales de Ciudadanos (que seguí existiendo allí hasta ayer. De verdad) y algún otro resto. Bien es cierto que allí debiera haber más alegría que en el otro lado del espectro. En porcentaje sí crecieron significativamente más que el PSOE; se fueron a un 4,1% más y a más de 56.000 nuevos votos. Mucho más que su leal oposición. Pero, de lo esperado, nada. Tampoco en la casa popular hay para tanto cohete. Siguen en manos de Vox, que sigue creciendo, ma non troppo.
Don Santiago debiera cuidar sus modos con sus amigos cofundadores del invento, pues no gusta al personal que los maltrate, sobre todo a su compadre Ortega Smith. Pero lo de Vox es para como dicen los cursis ahora, hacérselo mirar. Y lo digo porque me gustaría conocer a alguien que tenga noticia de alguna solución pensada, documento con contenido estructurado, no sólo un eslogan trompetero, en que los abascalianos opinen constructivamente a la solución de algún problema de España. ¿Sabe alguien de algún sitio donde consultar soluciones a problemas de estado desde la pluma de don Santiago y adláteres?
Pues aún así, y es digno de estudio, siguen subiendo. Menos de lo que esperaban con llegar a ese mágico 20%. Pero suben otro escaño más. Pero sólo eso: un 1.3% y 19.000 votos. Que no está mal, visto lo ocurrido a su alrededor. Y eso que el que está acabando con la fiesta le “robó” un 1.4% para añadir a sus resultados y sus más de 17.000 votos. Esperemos no queden un día de éstos y arreglan sus diferencias que bien les hubiera venido a los de nombre de clásico diccionario.
En esta campaña, la fiel infantería vocinglera del Partido Popular, incluso Miguel Tellado, fueron incluso zahirientes con los de Abascal. ¡Quién lo diría! Pero, atentos, que no consta, o al menos a mí no me consta, que la Señora Díaz Ayuso acometiera contra Abascal y los suyos. No lo creería adecuado su bulero confeso Jefe de Gabinete.
Pues, con todo, con ese no hablar bien de los llamados primos, pareciera que mejor lo entendieron los electores que incluso creyeron atisbar una diferenciación de mensajes de uno y otro lado de la margen derecha. Vana ilusión. Ya se acabó el teatrillo. Desde el día después, don Santiago ya ha dicho que gobernarán en las tres comunidades con ésos que hablaron tan mal de ellos. Y desde la otra parte, tan encantados se ven, que ya llaman a rebato para llegar a acuerdos programáticos a la espera de venideras llamadas a urnas.
No perdamos de vista que la noche electoral lo primero que apareció en boca del candidato ganador es que no pactaría con el sanchismo. Apareció el veneno que se ha incubado en la calle Génova, que no deja de ser el mismo, sólo que con distinto color, que el que se ha incubado en Ferraz y que se lanzan unos a otros y otros a unos. Siguen ambos “partidos ¿de estado?”, sin valorar que en julio de 2023, en las generales, tirios y troyanos, PP y PSOE, PSOE y PP sumaron el 64.7% del voto emitido. Y por no ir más lejos, el domingo, en Castilla y León sumaron el 66.3%. Pero claro. Eso sería hacer POLÍTICA y pensar en algo más allá del cortoplacismo que en política nos invade. Vuelvo a recordar a mi admirado Ramón Rubial: primero, España.
Nadie pierda de vista, por tregua que parecer pudiera lo de Castilla y León, que la suma de las derechas todas ha pasado en Extremadura, desde 2019 a 2025 del 43.3 al 63,3%; en Aragón, desde 2019 a 2026, del 48.7 al 53.4%, y en Castilla y León, del 51.9 al 54.4 de 2019 a 2026. Atentos a lo que siga.
… y Andalucía. ¿Qué nos espera? Todos los escenarios pueden darse.
La izquierda a la izquierda del PSOE (qué difícil es decir lo que dicen ser), ¿seguirá bi, tri o tetra dividida?
¿Los de Abascal habrán llegado a la apoteosis de la escena final con don Alberto en ese teatrillo que aún mantienen en las tres comunidades pendientes de pacto? ¿Se lanzarán dardos y definirán en la campaña andaluza, de la mano de Moreno Bonilla, un distinto escenario de unos y otros que no confundan al electorado? Acaso lo de ellos será, una vez más, teatro, ¿puro teatro? ¿Podrá Juanma aguantar el tirón de la política del interior de la M30 y crisparemos y crisparemos hasta el infinito y más allá, en vez de debatir sobre Andalucía y los andaluces? ¿Reeditaremos lo que haya ocurrido en las tres comunidades anteriores y ensayaremos para las generales? Todo ello, salvo que Juanma revalide su mayoría absoluta, es posoble. El electorado olvida muy pronto, prontísimo, muchas, muchas cosas.
Y … qué decir de mi PSOE. La experiencia de la candidata de Aragón debiera haber servido de aviso a navegantes, aunque a estas alturas de la singladura, cambiar al patrón resulta difícil. Lejos está ya la costa donde otro enrolamiento podría haberse hecho. Pero patrona y tripulación está ya asentada en el rol del barco. La pesada carga de lo que arrastra la candidata a tiempo parcial en su mochila de la Vicepresidencia Primera y del Ministerio de Hacienda, puede pesar mucho. Y los adversarios, cumplida nota tienen de todo lo que lleva en su petate marinero para adecuadamente manejarlo.
Hay quienes por los pasillos de San Vicente o Ferraz, aunque en público lo nieguen, firmarían los números de Juan Espadas. ¡Quién lo iba a decir! Pero volvemos a la casilla de salida: pareciera que el PSOE, también en Andalucía, no sale a ganar la carrera, sino a quedar segundo en todos los sitios y que VOX no lo sobrepase, incluso, en alguna circunscripción. Y es que el PSOE no puede ser como el Aston Martin de Fernando Alonso o el Williams de Carlos Sáiz. Tiene que salir a ganar, como los Mercedes o Ferraris de esta temporada de Fórmula 1. Pero falta motor. Y el que tiene, produce muchas vibraciones; no tiene agarre, sale mal, e incluso, a media carrera, gripa y se va al garaje.
Desde que el actual PSOE dejó de tener un proyecto autónomo para España y todas y cada una de las comunidades autónomas, que lo hacía identificable, la cosa no está para subir a lo más alto del cajón. Y salir a no quedarse fuera de él, no es lo propio del gran Partido de Pablo Iglesias Posse.