Trump y Sánchez, dos caras del mismo trile
La "War Powers Resolution" en jaque: el presidente estadounidense esquiva al Parlamento con la misma destreza que Sánchez en España.
No son pocos los medios que proclaman -y muchos así parecen creerlo-, que la guerra en Irán ha terminado. Parecería que Trump ha tirado la toalla y la guerra en Irán ha terminado definitivamente. Unos y otros se aferran a la comunicación de la Casa Blanca a los líderes de Congreso y el Senado sobre el fin de la guerra desdeñando que, en realidad, se trata de un engañoso regate político-legal del presidente norteamericano.
Conviene aclarar que, según la “War Powers Resolution” (Ley de Poderes de Guerra), el presidente está obligado a pedir la autorización del Congreso para poder continuar las operaciones militares, en el plazo máximo de dos meses desde el inicio de una guerra. Puesto que ésta comenzó el 28 de febrero de 2026 y fue oficialmente comunicada al Congreso el 2 de marzo, el plazo para poder obtener tal autorización parlamentaria vencía el 1 de mayo. Y Trump, en vez de solicitar tal asentimiento, simplemente comunicó que la guerra “había terminado”. Parece pues clara la alergia parlamentaria del mandatario estadounidense, dolencia similar a la que padece Sánchez en España.
La insólita argumentación de Trump se basa en que, el 7 de abril de 2026, ordenó un alto el fuego de dos semanas. Tregua que fue luego prorrogada indefinidamente, así como que, desde entonces, no se ha dado intercambio de fuego entre las fuerzas norteamericanas e iraníes a pesar de que se mantenga el bloqueo naval de EE. UU. a Irán, o no se hayan rectificado los programas nucleares y de misiles iraníes, o que el Estrecho de Ormuz permanezca cerrado. Al comunicar que ya no hay guerra, el presidente norteamericano concluye ladinamente que no necesita autorización parlamentaria para continuar algo inexistente. Y así, como la Casa Blanca no necesita aprobación parlamentaria para mantener fuerzas desplegadas en Oriente Medio, cuando se reanuden la hostilidades armadas -que probablemente se reanudarán-, el reloj sería puesto a cero para contabilizar los 60 días sin la autorización previa del Congreso requerida por la “War Powers Resolution”. Qué curioso que ambos trileros, Trump y Sánchez, tan recíprocamente refractarios, coincidan miméticamente en pasarse por la entrepierna a sus respectivos parlamentos…