El debate: Moreno Bonilla, postureo, pompa y circunstancia
Moreno Bonilla estaba histérico, no se sabía la lección, se lio con los papeles y además se centró en hacer oposición al gobierno central.
Es cierto que casi siempre es un error elevar la simple anécdota a la condición de categoría, pero, de igual manera, cuando se detectan determinadas pautas, no conviene ignorarlas. Si algo se puso de relieve ayer en el primer debate de las elecciones autonómicas andaluzas es que la principal función de Moreno Bonilla, al igual que la de la mayoría de los líderes populares en ejercicio de gobierno, desde el último concejal o concejala del más pequeño de los municipios hasta Feijóo (del que hasta ahora no hemos podido percibir ni el menor indicio de que tenga un proyecto definido para España), no es la vertebración de un proyecto político, o la gestión, en caso de detentar el poder, sino la de vender la moto, por lo general de cuarta mano y bastante gripada, pero con la pintura intacta, eso sí. No en vano el PP es el partido de la chapa y pintura y el motor cascado ya desde que echó a rodar, no es extraño que tanta gente considere que fue un error histórico, forzado por el dinero, que la derecha tomara el camino de AP/CD/PP y no el de UCD/CDS.
Estamos en un país en el que, por arte de birlibirloque, una mujer (la que más poder ha ejercido en España en los últimos siglos, según dijo el propio Moreno Bonilla anoche, María Jesús Montero) pasa a ser una ‘charo’ sin estudios ni preparación (aunque sea licenciada en Medicina, Cirugía y demás apechusques y haya ostentado cargos de la relevancia de la Vicepresidencia del Gobierno y el Ministerio de Hacienda) previo pago de lo que haga falta a los medios adecuados, mientras Moreno Bonilla, de profesión ‘sus labores en el PP’ y sin estudios ni preparación alguna (y yo diría que sin talento) pasa a ser un líder mundial por ese mismo arte de birlibirloque por el cual, para alguien con una mentalidad sumisa y/o jerárquica típica de derechas, si tienes un alto cargo o tienes pasta, por muy tonto a las tres que seas, estás bendecido por lo menos por un dios o santo o algo, eres temible, y por lo tanto respetable y hasta te conviertes en ‘adorable’. Y no olvidemos que eso, el temor y la capacidad de influencia sobre tus asuntos, el poder en definitiva, es el verdadero motor por el cual el sacrosanto pueblo votante se ha ido acercando al PP en los ámbitos locales pese a la, por lo general catastrófica y corrupta, gestión de sus líderes. Como diría Clinton en un receso de la Isla de las Tentaciones: ‘es el miedo, la cobardía, lo que explota esta gente, idiota’. Y no hay que olvidar las relaciones públicas, las promesas de colocar a unos y a otros o de ayudar en lo que se pueda, esa explotación de una falsa bondad beatífica que en realidad es la demostración diaria de que tienen en sus manos a sus súbditos y gobernados en general que se acercan a ‘pedir favores’, lo que podríamos llamar nepotismo y clientelismo del siglo XXI, unido todo a una auténtica vampirización de la actividad de una sociedad civil incapaz de mantener una distancia de seguridad suficiente con sus gobernantes.
Volviendo al debate, anoche el señor Gavira, de Vox, se dedicó a repetir una estructura básica deeslógan+eslógan+eslógan+ataque+insulto+ataque+eslógan+insulto y resultó tremendamente eficaz, como no puede ser menos. En política lo que antes y con más fuerza llega en estos tiempos de absoluta alienación es la mentira, el insulto y la brutalidad más descarnada. Moreno Bonilla, por cierto, jamás se dirigió a Gavira ni le contestó en ningún momento, con lo cual el candidato de Vox obviamente le comió el pastel. Al fin y al cabo Juanma da por hecho que van a gobernar juntos, porque sabe muy bien que el PP no está ni cerca siquiera de la mayoría absoluta, por mucho que lo repitan los medios afines, casi todos, y sus encuestas compradas.
En la izquierda estuvo especialmente bien el candidato de Adelante Andalucía, José Ignacio García, aunque la ‘trampa’ de la ayuda del PP a su grupo parlamentario que luego corroboró Moreno Bonilla lo frenó. Ya sabemos que el PP ayuda todo lo que suponga división de los rivales. El ataque de Moreno Bonilla a Maillo con lo del sillón fue ridículo y quedó bien contestado, tanto que la situación rozó el esperpento.
Moreno Bonilla estaba histérico, no se sabía la lección, se lio con los papeles y además se centró en hacer oposición al gobierno central demostrando que no es que no sepa gobernar, es que no sabe defender una gestión que podríamos calificar de ‘ausente’ (si hay estructuras ausentes hay gestiones y gobiernos ausentes). Salvo en facilitar las cosas a las empresas amigas, marca de la casa PP, lo demás es una nebulosa, llena de foticos, eso sí. María Jesús Montero, objeto de todos los argumentos, falaces, de Juanma, tuvo que dedicarse casi en exclusiva a rebatir mentiras, y eso es siempre ingrato, pero, no obstante, salió reforzada por la labor de conjunto de la izquierda. Dejar aire de por medio es a veces una gran estrategia.
Pero, para ir sin más demora al asunto medular de este artículo: ¿cuál es la función real de los líderes del PP cuando gobiernan y de los representantes públicos en sus circunscripciones electorales? La función principal es la que en una empresa de medio pelo correspondería a un director comercial/relaciones públicas/influencer, y en algunos casos, pero esto no se puede decir: el de comisionistas, pero ya digo que este ejercicio lo hacen solo unos pocos elegidos y en este caso siempre bajo la égida de una vieja guardia que nunca se fue, con un papel central de Javier Arenas “arenitas”, el que casi fue presidente por Almería.
Muy pocos de los cargos electos tienen realmente capacidad ejecutiva/legislativa, poquísimos. Entonces, ¿quiénes gobiernan nuestros días realmente cuando gobierna el PP? Terceros, técnicos, expertos, empresas concesionarias, entramado empresarial, entramado judicial, lobbys, lobos, lobeznos, virreyes provinciales como Gabriel Amat en Almería,, etcétera. Y quedó demostrado ayer. Ahí teníamos a un Moreno Bonilla que, como no ejerce realmente, no conoce los entresijos, no es capaz de ordenar sus papeles, de darle sentido a un discurso coherente, y por eso estuvo tan incómodo, porque se dedica día sí y día también a leer el argumentario que le envían para sus declaraciones e intervenciones parlamentarias y para los medios, a hacer sus relaciones públicas, sus teatricos, a derramar sus lágrimas de Lacoste, perdón, de cocodrilo, a sus foticos y a los actos con sus eurofans. Como dice la coplilla de moda de estas elecciones autonómicas: ‘Llamadme Juanma, nos la mete doblá, pero con sentido y sensibilidad… Millones de dinero público en prensa del régimen y propaganda, postureo, pompa y circunstancia, llámalo Juanma, es de confianza…’