Irrelevancia
La posibilidad de facilitar la investidura de Juanma Moreno se plantea como vía para aislar a Vox y favorecer acuerdos en asuntos estratégicos para Andalucía.
La razón de existir de un partido político, o una más de entre ellas, es la capacidad de aportación que tiene para la mejora de las condiciones de vida de la ciudadanía que representan en forma de los votos que cosechan en cada proceso electoral.
La representación parlamentaria obtenida es la que da la medida de la credibilidad de cada proyecto sometido a escrutinio de los ciudadanos. A más credibilidad, mayor presencia parlamentaria, y, por ende, más capacidad de aportación a la mejora de las condiciones de vida de sus conciudadanos.
Cuando un partido político no ofrece un proyecto creíble bien por sus contenidos o por las personas que los encarnan, disminuyen en consecuencia las posibilidades de llevar a la práctica, mediante la gobernación, lo que ofertó al cuerpo electoral para mejorar su diario discurrir. Y cuando esos resultados son bajos, que no alcanzan números de gobierno, ese partido corre el riesgo de devenir irrelevante y, lo que es peor, que así sea percibido por los votantes.
Si esto ocurre con un partido que es, o ha sido de ésos que se llaman partidos de estado, partidos de gobierno, la cosa reviste caracteres dramáticos.
Qué pase con el PSOE a nivel nacional, a nivel de España (me gusta esa palabra) lo veremos el día que la lejana dirección federal socialista decida llamar a las urnas. Pero en lo que nos es más próximo, en distancia física y temporal, en el PSOE de Andalucía, aquí, y ahora, después de las recientes elecciones de nuestro territorio, el PSOE tiene una presencia parlamentaria que le va a hacer difícil ser relevante por sí solo, y ni siquiera con la compañía de quienes pudieran “ideológicamente” serles “próximos”. Tampoco así alcanza números parlamentarios de suficiencia para decidir sobre las cosas que querría para los andaluces. Digo yo que alguien debiera pensar en el porqué de a dónde se ha llegado.
¿Qué hacer?
HACER POLÍTICA. Ser atrevidos. Imaginativos. Puede ser el momento de tener que dejar en la gatera algunos pelos que, en otras situaciones de aritmética parlamentaria, posiblemente no se dejarían en la gatera de los deseos políticos. Es llegado ahora el momento de ser atrevidos, valientes, imaginativos, y hacer propuestas que a sus interlocutores del otro lado del espectro ideológico los deje fuera de juego, ahora que nos vamos a meter en el calor (nunca mejor dicho) de un mundial de fútbol trumpista. O valentía e imaginación, o camino a la irrelevancia.
Debiera la dirección política del PSOE poner contra la pared a quien tiene las capacidades de armar mayorías parlamentarias y de gobierno, o sea al Partido Popular de Juanma Moreno.
Durante la campaña, marcando una distancia que parecía ir más allá de la que sus conmilitones de otros territorios habían puesto, manifestaba a poniente y a levante que no quería tener un lío con las tropas que don Santiago tiene apostadas aquí en Andalucía. Y a ello apeló para renovar su mayoría. Era o él, o el lío.
La aritmética parlamentaria resultante bien parece que le ha mandado al rincón de pensar que está junto al rincón de entregarse a lo que las huestes de don Santiago y cierra España quiera imponerle, desde su prioridad nacional, copiando a su zanahorio referente de la Casa Blanca para hacer, (dirá él) “su España” la España excluyente que hará grande de nuevo. Y una y libre, por supuesto. ¿Les suena, verdad?
Frente a eso, la valentía política de la Secretaria General del PSOE de Andalucía, y a la par Vicesecretaria General Federal del PSOE y hasta hace poco algunas cosas más, le deberían llevar a ofrecerle sus desgraciadamente sólo veintiocho escaños al Sr. Moreno Bonilla, el templado, el prudente, el moderado, el que no quiere líos, para que fuera Presidente.
Así, la Exvicepresidenta del Gobierno de Pedro Sánchez, lograría que Juanma se viera contra la espada de esos líos en que no quería meterse, y la pared de no deberle su investidura, justamente, a la fuerza política que es la corresponsalía española de la misma a la que sus correligionarios del Partido Popular Europeo pone las más de las veces en su sitio, la aísla y no pacta con ellos, con ese cordón de sanidad política que tanto dicen querer y no practican muchos, sobre todo en la parte española de la piel de toro.
Casualmente, ése es el mismo Partido Popular Europeo (PPE) que puso a Moreno Bonilla al frente del Comité Europeo de la Regiones, una importantísima institución de la Unión Europea para sus regiones. Y que un andaluz ocupe ese puesto es de celebrarse.
Ese mismo PPE, qué casualidad, es el que para que nuestro Juanma fuera Presidente del Comité Europeo de las Regiones, acordó, pactó, como es habitual con los miembros del Partido de los Socialistas Europeos (PSE), dividiéndose la presidencia de este organismo en los cinco años del mandato. Cosa que tampoco es nueva en Bruselas y sus instituciones, y en algunos otros países de nuestro viejo continente. Por algo lo harán.
Por eso, apelo a la valentía política de la candidata del PSOE de Andalucía y a la sazón, su Secretaria General, para que ofrezca esos veintiocho votos, los del doloroso suelo electoral del PSOE en Andalucía, al señor Moreno Bonilla para que sea Presidente de los andaluces sin debérselo a los que le montan el lío. Así, unos y otros, evitamos el lío y somos coherentes con lo que hacemos allende los Pirineos. Y aquí ni siquiera hablamos de compartir Presidencia ni nada que se le parezca. Sólo de investir. No embestir, que es lo que más se lleva.
Si eso ocurriera, esos veintiocho votos de la bancada socialista dejarían de estar en el precipicio de la irrelevancia de toda la legislatura que ahora comienza. Podría ofrecerlos a cambio de algún que otro logro como sería la aceptación de enmiendas presupuestarias, enmiendas y aportaciones en algunas leyes fundamentales para los andaluces (educación, sanidad, dependencia, vivienda, por poner ejemplos) donde la transacción y el diálogo, ceder cada uno un poco se instalase en la política de todos los días. Aquello mismo que valió tanto en la denostada transición desde este adanismo político que nos invade, daría ahora luz real a lo que en los vacuos discursos dicen los unos y los otros: los unos, que viene la derecha asilvestrada; los otros, que no quieren líos. Pues aplíquense. No sólo digan. Hagan.
Si Don Juan Manuel y Doña María Jesús practicasen los clásicos asertos del derecho romano del do ut des, del facio ut facias, o del facio ut des, ambas partes podrían explicar al electorado lo que dicen querer evitar.
La socialista pondría a Moreno Bonilla ante el espejo de su contradicción si aceptara el chantaje al que le someterá el que no quería que lo metiese en líos y dejaría claramente marcado un distinto comportamiento al de sus conmilitones que hicieron un teatrillo que fue puesto al descubierto a la primera de cambio. Guardiola, Azcón, Mañueco no iban a pactar con los abascales locales. Y pactaron. Hicieron teatrillo.
Si la líder del socialismo andaluz le ofreciese esos votos al popular Moreno Bonilla, sería éste el que se retrataría ante un San Telmo bien vale más que una parisina misa. Lo dejaría tragándose un plato de lentejas a cambio de una prioridad nacional, por cierto, condenada por el Papa ante un enfervorecido Congreso y Senado conjuntos y aunque ello sea el lío del que hasta anteayer abjuraba. Aunque para don Santiago hasta anteayer, Juanma era “Moruno Bonilla”. No importa. Todo por la causa.
De la otra parte, de darse este ofrecimiento, la inquilina de San Vicente, que San Telmo va a tardar en llegarle, si a ella le llega, bien podría defender que intentó, con lo que a su alcance tenía, que la derechona más radical anidase en los poderes andaluces. Que ella sí ofreció a Moreno Bonilla evitar que a quienes decía no querer en su gobierno, le acabaran doblándole el brazo en un pulso falso, porque teatrillo, teatrillo del malo hizo, hará, cual sus conmilitones de otras regiones han escenificado ya.
Ambos podrían, caso de jugar bien sus cartas, salir fortalecidos ante la ciudadanía andaluza. Ambos podrían prestar un buen servicio al encuentro de la normalidad de que los partidos mayoritarios de Andalucía y España se hablen para algo más que insultarse. Ambos podrían demostrar que entenderse entre ellos es menos renunciar a los respectivos proyectos políticos autónomos y propios de cada uno, que el que se produce cada uno a sí mismo, cuando unos y otros pactan con lo que les queda más a sus derechas e izquierdas, respectivamente. Esos pactos que vienen haciendo, son un auténtico pactar con el diablo que desnaturaliza a los proyectos políticos propios y autónomos de los dos grandes partidos españoles y europeos, a los que parecen haber renunciado de manera definitiva.
Pero claro. Ni los mandamases de la madrileña calle Génova ni los de La Moncloa o lo que quede de Ferraz están por la labor. Creen que les va mejor pactando con quienes cada uno lo están haciendo, a más diestra y a más siniestra. Y así les va. Quiero decir, nos va.
¿Qué hemos hecho para merecer esto? Cuando llegue el llanto por la leche derramada faltarán pañuelos para enjugar tanta lágrima. Y la tierra habrá empapado la leche y perdida se quedará. Hagan el favor de evitarlo. No me resisto a proponerlo. Ya sé la respuesta. La misma que obtuve el 23 de julio de 2023. Ni agua. Pues, nada. Ánimo, queridos próceres. Sigan desconectados de la mayoría de este país y vean la opinión cada vez menos en positivo que los votantes tienen de los liderazgos (¿?) que ejercen. Ahora que estamos en exámenes finales, creo, que tampoco, otra vez, llegarán al suficiente. ¿Se han preguntado serena y sosegadamente el porqué? Respóndanse con lealtad a sí mismos y a nosotros.