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Les faves a calderades i l´honor no tenen llei

Un funcionario fiscal vertiendo calificaciones no jurídicas intentando no defender el estado de derecho sino ofender los derechos del letrado.

 

El presupuesto del Parlament catalán, del erario público proviene. De los impuestos que los ciudadanos de Cataluña satisfacen para subvenir a los entes públicos del territorio. Los funcionarios del Parlament tienen el privilegio de dejar de trabajar a los sesenta años y seguir cobrando sus emolumentos como si efectivamente trabajaran. Y así llevan años, sin que a ninguna de las personas que han ocupado la presidencia del lugar donde se residencia la representación política del pueblo catalan se le haya pasado por la mente que esa manera de vivir le agradaría por igual a casi todos los trabajadores de la Nissan, a los mossos d’escuadra, a los barrenderos de San Feliú de Guisols y a los oficiales de repostería de Girona. Es evidente que la democracia española deja mucho que desear cuando unos funcionarios cobran sin trabajar y otros españoles, catalanes o no, ni trabajan porque no pueden, ni cobran porque no hay Parlament que les abone un sueldo.

 

Un funcionario fiscal, que cobra del presupuesto del Estado, se ha descolgado estos dias con un escrito en el que pone a apear de un burro a un letrado, prestiagiado en las cortes de justicia de Europa y que trae en jaque desde 2017 a jueces y fiscales de las altas magistradiras de la Administración de Justicia del país. Un escribidor cuyos humores negros rezuman por las silabas de sus hojas emborronadas al servicio de la expresión cervantina más elegante pese a lo cual está lejos de obtener el premio nacional de literatura, ha arremetido con venablos y denuestos contra un letrado que se ha limitado a defender a sus numerosos clientes.

 

El funcionario fiscal, de cuyo nombre no quiero acordarme, considera que defender a ciudadanos que no desean someterse a la jurisdiccion de los tribunales españoles y en el ejercicio legítimo de buscar asilo en más serenas tierras, han dejado los Pirineos a su propio sur para poner una pica en Flandes, es causa suficiente para insultarle y que en un escrito pagado por los españoles todos, un funcionario fiscal vierta calificaciones no jurídicas intentando no defender el estado de derecho sino ofender los derechos del letrado. Para este ejemplar simpar de funcionario fiscal el honor profesional y personal cede ante la bilis arenosa de los que si pudieran hubieran acabado con los derechos de libre expresión y de prensa y de cátedra y hasta de casarse con una aristócrata no siendo el enamorado de sangre azul.

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¿Qué hubieran hecho el Tribunal Supremo, el Fiscal general del Estado y sus funcionarios jerárquicamente dependientes en escala descendente de tan eminente fuente, si los condenados en el juicio del ‘procés’ se hubieran ido a Flandes con el antiguo presidente de la Genralitat y los hubiera defendido sicut acies ordinata el letrado al que el funcionario fiscal de marras denuesta ahora?. No hubiera ni hubiese habido, ni condena, ni indultos, ni Llarena, ni ascensos hasta el Supremo de amigos del empujón. Recuerde el tal funcionario que el honor es patrimonio del alma, y el alma solo es de Dios.