The news is by your side.

Ciudadanos Andalucía en su «Juego del calamar»

La militancia naranja lleva años enrolada en un singular "Juego del calamar" donde las bajas pasiones, el poder y el dinero han acabado dado la cara.

 

Regla 1: El jugador no puede dejar de jugar.

Regla 2: El jugador que se niegue a jugar será eliminado.

Regla 3: Los juegos terminarán si así lo acuerda la mayoría.

 

Tras decidirme a ver la polémica serie coreana «El juego del calamar» llegué a la conclusión de que la militancia dirigente de Ciudadanos Andalucía lleva enrolada en el dichoso juego – o uno parecido- desde hace casi tres años. Claro que ahora es cuando asistimos al tramo más apasionante, el desenlace, el final de una historia que fue bonita mientras duró y por huir de frustraciones reconocer que Cs sirvió a la sociedad andaluza del momento. Primero como muleta del PSOE de Susana Díaz y desde 2018 con Juanma Moreno y el PP, pero esta vez con el líder Juan Marín con rango de vicepresidente. Ahora las bajas pasiones, el poder y el dinero han acabado dando la cara con los estertores anaranjados que anuncian los sondeos. Exactamente como en el polémico juego.

Ciudadanos Andalucia hace muchas lunas que firmó su documento compromiso para entrar en un peligroso ‘juego del calamar’. La cláusula más letal asumida se refiere a los efectos del abrazo del oso – «el jugador no puede dejar de jugar»- del que en la política andaluza podrían escribir extensos tratados tanto el andalucista Antonio Ortega como el comunista Diego Valderas. Una cláusula cuyo verdadero efecto demoledor es la instrumentalización  descarada de los votos parlamentarios ( y de los otros) de Cs en favor de postulados ultras de los socios externos del gobierno de Juan Manuel Moreno Bonilla.

Nada más comprobar el cariz que tomaban los primeros ‘juegos’ de la legislatura ‘del cambio’ era fácil presagiar un desastroso resultado final para los naranjitos. Ley de vida que el pez grande acabe engullendo al pequeño, en este caso mediando una larga danza nupcial de embelesamiento con Juan Marín como prima donna . El PP controlando la RTVA, el gran altavoz que han manipulado – y manipula-  en estos tres años, se quedó con el control del principal conglomerado mediático de Andalucía. Y contentando a Juan Marín con el coche oficial de vicepresidente, sentaba las bases el PP para hacerse con el control absoluto del cortijo gubernamental. Y eso ha sucedido mientras todos veíamos que en realidad quién ejercía (entre sol malagueño y sombra sevillana) como número dos del gobierno es don Elias Bendodo, sin duda el cerebro que maneja hoy los hilos del partido y del gobierno.

Todo ello dentro de una gran improvisación general, con nombramientos erráticos, dimisiones o ceses impuestos bajo cuerda por el socio mayoritario, como la de la viceconsejera de Empleo Isabel Balbín, que acabó contándolo todo en un wasap de despedida en agosto de 2019. Fue la primera vez que se dijo públicamente que «nuestros principales dirigentes son unas marionetas en manos del PP». El pecado de esta señora fue intentar investigar la corrupción en Empleo, algo que como muy bien declaró la jueza Alaya en ABC, no interesó nunca ni al PSOE ni tampoco al PP. Ay, pero la valiente funcionaria que destapó en Málaga la Operación Edu había incumplido la segunda regla del juego:  ‘El jugador que se niegue a jugar será eliminado’.

 

Texto del wasapp de Isabel Balbín en agosto de 2019 donde ya hablaba del teatrillo de polichinelas en el que se había convertido el entonces recién estrenado gobierno del cambio en la Junta.

 

Ciudadanos, en un papel más decorativo que decisivo en la gestión política del gobierno de la Junta, empezó a tambalearse  el mismo día que se visualizó un pdf, con los logotipos del PP, Vox y Cs, en el que se garantizaba por las tres formaciones de la derecha el cambio en Andalucía. El partido de centro y liberal fundado años antes por Albert Rivera en Barcelona, de la noche a la mañana, aparecía en una cama redonda con la extrema derecha andaluza del afamado e imputado juez Serrano, en una verdadera orgía de poder cuyo mensaje proyectado era este: casi cuarenta años esperando, ahora nos toca disfrutar a nosotros y a los nuestros. Gatopardismo andaluz en estado puro, más de lo mismo. Tan mala conciencia tuvieron que se vendió el ‘pacto’ como una cosa entre viejos camaradas de la derecha – PP y Vox- con la que Cs nada tenía que ver. No es verdad y nunca lo fue. Nunca Marín ha reconocido que monta coche oficial (con escoltas) gracias a los votos de la ultraderecha en el Parlamento de Andalucía.

De igual forma que casi nadie es capaz de reconocer en Cs  que, gracias al impulso de la operación andaluza de la que fueron cómplices activos, el Sr Abascal logró aglutinar  más de tres millones y medio de votos en las generales que siguieron en 2019. Sin duda Andalucía sirvió de banco de pruebas para la implantación de la extrema derecha en España con 52 escaños en el Congreso.

 

 

Carrillo, «eliminado» por no ‘donar’

La semana que termina ha sido de las de traca, de esas que disparan los audímetros. Tras convocar de hoy para mañana unas primarias exprés, nueve militantes de Cs, incluido Marín, han manifestado su voluntad de presentar candidatura a las primarias presidenciales. Y se conoce ese dato el jueves, tras varios días de saberse que el diputado cordobés Fran Carrillo aglutinaba una alternativa absolutamente radical contra la linea de entrega al PP mantenida por Marín. ¿Ha habido toque de generala para que se empuerquen las primarias? La ‘eliminación’ del juego del Sr Carrillo provocó la espontánea avalancha de candidatos para demostrar cómo brilla la democracia interna en Ciudadanos. Esto parece que es lo que  está sucediendo entre quienes nos prometían limpieza y transparencia antes de llegar al coche del parque móvil de la Junta.

No contentos con diluir liderazgos han acabado recurriendo a los burócratas del manguito y la pasta, filtrando que Carrillo no está al corriente de sus ‘donaciones’ – 8% del sueldo- y deciden que aplicando la normativa interna queda fuera de la carrera electoral. ¿Por qué un cuadro dirigente, que ha sido Portavoz Adjunto en el Parlamento de Andalucia y aparentemente solvente como Carrillo, no ha cumplido con sus obligaciones para con el partido? 

Crece la hipótesis de que en tiempos de vacas gordas en los partidos de gobierno lo que menos importa es la subsistencia económica con la cuota de la militancia y aportaciones de cargos públicos. Y eso es lo que podría haber sucedido en Ciudadanos Andalucia. De momento se anuncia que esta trampa de leones para el díscolo diputado cordobés, dada su excepcionalidad presumiblemente discriminatoria, va camino de dilucidarse en los tribunales de Justicia.

 

Algo de eso tiene que haber cuando Carrillo ha llegado a depositar 4.000 euros en una notaria para que el partido le documente su ‘deuda’ y se la cobre, al tiempo que exige que el resto de 8 candidatos hagan exactamente lo mismo, que también documenten estar al corriente de pago en sus ‘donaciones’. Hay quien cree que habrá sorpresas chungas, pero así parece que discurre esta versión sanluqueña del ‘juego del calamar’. Un tuitero, con cierta guasa, escribía: «Los que van en el taxi se pelean por no pagar»

 

Inestabilidad y responsabilidad politica

Llegados a este punto cabe preguntarse si la responsabilidad de lo que está sucediendo con la actual inestabilidad política de Andalucía recae solo en espaldas naranjas. Procede pues preguntarse en qué medida el PP no es el que, en el fondo, está moviendo el nogal para quedarse finalmente con la cosecha de nueces. Una arriesgada operación que puede condenar a Juanma Moreno y a su partido a ser rehenes de la extrema derecha durante cuatro años más si se cumplen las expectativas demoscópicas que anuncian la desaparición de Cs, engullido por el PP que, dicen, ¡doblaría sus resultados de 2018! Claro que sostenerse más de medio años en un partido como Ciudadanos, ardiendo por dentro y en riesgo de derribo, para el PP no tiene mejor pinta que tragarse de vicepresidenta a Macarena Olona. Y si los andaluces y andaluzas no lo remedian con un voto meditado (y movilizado), la Andalucía que salga de los próximos comicios autonómicos no la conocerá ni la madre que la parió. No les quepa la menor duda.