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La regeneración del socialismo andaluz a capa y espadas

De la regeneración del PSOE andaluz dependerá tener los suficientes diputados para conformar una mayoría parlamentaria que permita que Sánchez siga en la Moncloa. 

 

Si en las actuales circunstancias existe un pormenor político nada extrapolable a la política nacional, es el resultado demoscópico en Andalucía. Es razonable que el Partido Popular quiera sacar el máximo rendimiento a la enjundiosa victoria electoral obtenida en el sur, empero por más que los responsables populares intenten engarzar Andalucía con la Moncloa lo único que van a encontrar es una torpeza enorme de los sanchistas meridionales y el “sostenella y no enmendalla” de unos portavoces federales ojipláticos por lo ocurrido.

Baste recordar la travesía  del gobierno, comenzando por la consolidación del acuerdo y el diálogo ante una Cataluña en llamas y con la única solución desde la Jefatura del Estado y el ejecutivo de Rajoy que la que propuso en su tiempo Espartero, que se había desplazado a Barcelona  para acabar con una insurrección. Y acto seguido pronunció una frase que ha quedado para la historia: «Por el bien de España, hay que bombardear Barcelona una vez cada cincuenta años.»

La delicada gestión de la pandemia, la cobertura social para que ningún sector de la ciudadanía sufriera intemperie social, la relativa bondad económica a pesar de todos los avatares negativos causados en toda Europa por la guerra y las tensiones geoestratégicas, la coherencia de la coalición que como cualquier coalición se fundamenta en la variedad intelectual y no en la uniformidad estéril, manteniendo, en definitiva, un relato racional a favor de las mayorías sociales.

Los socios parlamentarios de las organizaciones gobernantes saben que la moderación no se encuentra en el ácido desoxirribonucleico de la derecha, que todo es simulacro en esa necesidad que tiene el conservadurismo de la mentira –hoy posverdad- ya que como dijo el ínclito director falangista del diario ‘Pueblo’, Emilio Romero, defendiendo los intereses de doscientas familias no se obtienen votos suficientes para ganar unas elecciones y, por tanto, hay que engañar a la mayoría del electorado. Moreno lo ha tenido fácil con un candidato como Espadas carente de liderazgo, con un sentido funcionarial de la política, poco imaginativo en el plano dialéctico y orador bastante mediocre.  Poco proclive a generar equipos eficaces, es lo que en el argot orgánico se llama un “juntero”, alguien que ha hecho una lineal carrera política en la institución autonómica sin mucho relieve fuera del ámbito local.

Y no puede haber extrapolación porque el socialismo andaluz no tiene nada que ver con el resto del país en la actualidad. Y cometería un grave error Pedro Sánchez si antes de noviembre de 2023, fecha de las próximas elecciones generales, no acomete una seria regeneración en el sur que incluiría sumariamente a los sanchistas que tan ineficaces se están mostrando, no hay que olvidar que el más alto grado de corrupción es la incompetencia. Existe en el PSOE-A lo que Gillo Dorfles ha calificado de obsolescencia de las formas culturales, lo que en términos políticos supone una abolición de la capacidad de transformación de la realidad, algo -la voluntad del cambio político y social-, inherente al pensamiento situado en la rive gouche de la vida pública. Ello representa un ritornelo, parecido a la ley de hierro de las oligarquías, donde los mismos actores representan diferentes papeles según la oportunidad histórica y partidaria en un esguince político y metafísico que  no es sino una simplificación intelectual mediante un backgraund u ornamentación dialéctica que impide cualquier capacidad de abstracción y universalidad.

Por tanto, no hay cambio de ciclo, no existe ningún factor de aceleración histórica que propicie un cambio generalizado de intencionalidad demoscópica o de rechazo al gobierno de la nación, pero de la regeneración del PSOE andaluz dependerá tener los suficientes diputados para conformar una mayoría parlamentaria que permita que Sánchez siga en la Moncloa.