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«Saunera» bajada de pantalones en Gibraltar

Submarinos nucleares, aeródromo sobre aguas españolas, tropas sin control: el tratado consagra Gibraltar como colonia militar británica.

 

Sumergidos en las sucias aguas del sanchismo pasa algo desapercibida la nueva infamia sobre Gibraltar concretada en un tratado entre el Reino Unido y la UE, que entrará en vigor a partir del próximo 15 de julio, para “normalizar” la situación de Gibraltar tras la huida del Reino Unido (Brexit) de la UE. Asombrosamente, la Unión aparece interpuesta entre el Reino Unido y España hurtando su ratificación por el parlamento español, cuando si pasará por el británico y el gibraltareño. El tedioso y largo texto del tratado habla de casi todo: eliminación de barreras físicas -la desaparición de la Verja como gran premio británico-, aspectos financieros, colaboración policial, cooperación económica, eliminación de controles aduaneros y un largo etcétera. Tumulto que sirve para consolidar la colonia gibraltareña como paraíso fiscal británico. En definitiva, los británicos, después de repudiar la Unión, logran esquivar las consecuencias negativas de su escabullida por lo que a Gibraltar se refiere.    

En el ámbito militar, tres aspectos revalidan la pericia de la “pérfida Albión” (Napoleón dixit), para retener entre sus garras las colonias, mientras no se vea obligada a soltarlas por la fuerza o la amenaza de su uso. El primero es que los militares y fuerzas británicas podrán entrar y salir de Gibraltar sin mayores controles (ni de pasaportes ni de visados). El segundo es la consagración de la colonia como base naval para aprovisionamiento, mantenimiento y descanso de las tripulaciones de su flota y particularmente de sus submarinos nucleares. Y el tercero es que el aeródromo de la RAF (Fuerza Aérea Británica) -al que eufemísticamente se le denomina “aeropuerto”, y cuya pista de aterrizaje está construida sobre aguas españolas de la bahía de Algeciras-, seguirá siendo objeto de la jurisdicción militar británica. Por tanto, desde la perspectiva militar, puede concluirse que este acuerdo aleja a España de la reintegración de Gibraltar a nuestra soberanía, objetivo esencial y factor común de la política general española durante 300 años.  

Es indecente que el Gobierno, y particularmente su ministro de asuntos exteriores, Albares, traten ahora de vender el acuerdo sobre Gibraltar como valioso avance de las relaciones de España con el Reino Unido. Por el contrario, se trata de una “saunera” bajada de pantalones que obra contra la soberanía del pueblo español. Porque lo más hiriente de la infamia es haber desatendido el mandato/poder absoluto de veto, otorgado a España por el Consejo Europeo (27 de abril de 2017) para las negociaciones sobre Gibraltar. ¿Podría este dolo ser también motivo de imputación? Y por razón de la materia, alcanzaría la responsabilidad por el bodrio también a la ministra de defensa, Robles?